domingo, 13 de marzo de 2011

Breves apuntes chinos


Señales no tan universales

Entonces me miró fijamente con su cara redonda como un plato, cachetes rosados y ojos de alcancía. Por un momento pensé que estaba molesto, hasta que sonrió cerrando aún más los ojos, levantó la mano derecha e hizo el símbolo de surf dejando sólo sus rechonchos dedos pulgar y meñique arriba.
No supe cómo reaccionar. Por un momento pensé que las brillantes y multicolores luces del arreglo central del centro comercial donde estaba me habían mareado. Aturdido. Reducido mi capacidad de respuesta y entendimiento. Él no dejó de sonreír y casi de inmediato hizo otro gesto con la misma mano: juntó el dedo pulgar con el índice, dejando los otros tres dedos pegados a la palma de su mano. Abrió aún más la sonrisa mientras miraba su mano y mi cara, como si todo quedara claro y hubiéramos llegado a un mutuo entendimiento.


 
                                                               Centro Comercial en Nanjing Road

Lo cierto es que en sus gestos no encontré respuesta a mi pregunta. A este guardia de un moderno centro comercial de Nanjing Road en Shanghái sólo le había preguntado mediante señas dónde quedaba el patio de comidas. Sonreí como si lo hubiera entendido todo y continué con mi búsqueda.
Minutos más tarde todo cobró sentido. El guardia no pudo ser más preciso en su respuesta. El patio de comidas estaba en los pisos 6 y 7 del Centro Comercial… En China se cuenta hasta 10 sólo con los dedos de una mano (salvo el número 10)… Hasta para contar con los dedos son eficientes los chinos!


sábado, 5 de marzo de 2011

Catalina la Jardinera


Crónica de un encuentro en Shanghái

La conocí una fría y lluviosa tarde de Shanghái. Subí por la angosta salida del Metro y corrí a través de una avenida ancha atestada de gente (todos muy chiquitos, chinitos y caminando rápido) para llegar casi sin aliento a refugiarme dentro de un Wal-Mart. La neblina, llovizna y viento helado quedaron fuera, corriendo por la acera en busca de otro ingenuo desabrigado.

Todo sucedió en uno de los pasillos de este inmenso supermercado. Mientras recorría con la vista cansada los cientos de anaqueles llenos de miles de productos chinos de indescifrables etiquetas, alguna extraña fuerza me iba llevando hacia ella. Como si la ruta a través de los pasillos ya hubiese sido trazada y sólo estaba esperando a que mis zapatos calzaran en ella.

El encuentro fue especial y la conexión inmediata. Nos vimos a lo lejos, a pesar que ese rincón del supermercado estaba atestado de chicas como ella. Algunas más altas, otras bajitas, unas cuantas gorditas y muchas otras de color. Pero ella sobresalía entre todas. La primera cita fue muy rápida, ahí mismo entre los anaqueles. Me dijo que no tenía nombre, yo sin dudarlo respondí: Catalina la Jardinera.


Fotos de primera cita con Catalina

Desde entonces no nos podemos separar. Nos acompañamos siempre. Me enseña esta increíble ciudad desde sus ojos. Por las mañanas apura mis adormilados pasos camino a la universidad, tanto así que su obstinada velocidad ha reducido mi recorrido de 15 a tan sólo 4 minutos. Es muy coqueta, le encanta pasear sus curvas… muchos no dejan de mirarla y flirtear con ella. Carga siempre con una amplia y metálica cartera, donde cabe todo lo que queramos llevar cuando salimos juntos. Cuando se molesta o alguien indebido e improvisado se le cruza por el camino, no duda nunca en gritarle, muy elegante ella, siempre con su voz de timbre.

Es así como termina esta pequeña historia de un encuentro inesperado, aunque muy especial, en la ciudad de Shanghái. Por supuesto que estoy feliz, de la mano (dos manos, en realidad) de Catalina la Jardinera.



domingo, 20 de febrero de 2011

Mi primer mil

No es para nada un número grande... pero sí que es un gran número!

Gracias a todos por sus visitas al blog, no dejen de regresar y despegar un poco los pies de la tierra con OVSI.


martes, 8 de febrero de 2011

THE FISHEYE VIEW

O cómo nadar tras los muros de cristal.



 
Mejor regalo no pudo caer entre mis manos. Más que un regalo, una poderosa arma para comprimirlo todo dentro de una pelotita. Mirar de izquierda a derecha, de arriba hacia abajo y aspirarlo dentro del lente. Quizás como los goldfish nos ven desde el otro lado de la pecera.



 
Ni preocuparse por mirar a través del visor, que de nada sirve. Sólo apretar el disparador y distorsionarlo todo hasta que quepa dentro. Interactuar con el entorno y ver cómo lo que te rodea se converge hacia un sólo punto. A esto súmale colores saturados y un contraste especial.

Algo así como meternos a la pecera aunque sea por unos minutos. Descifrar qué sienten, qué ven, qué piensan y qué perciben los peces a través de esos muros de cristal.
















miércoles, 2 de febrero de 2011

La pinta es lo de menos

Apostarías por esta empresa?




Cual foto de promoción universitaria de los años 70's. Barbas tupidas, pelo largo, anteojos de marco grueso, lentes ahumados y una que otra cara de recién haber llegado del Festival de Woodstock. Pintas de volver corriendo a sus puestos de trabajo apenas se termine de disparar el flash (el de los lapiceros en el bolsillo de la camisa)... o de correr para armar un buen porro para continuar trabajando (el de los lapiceros también).

Prejuicio puro. La foto que ven es quizás la más emblemática de la cultura empresarial americana. Frente a ustedes el equipo completo de Microsoft del año 1978, hasta entonces una empresa start-up... Say cheese!